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Representantes de ONU Mujeres y delegaciones diplomáticas de siete países recorrieron la Utopía Cihuacóatl para conocer cómo la Ciudad de México vincula servicios de cuidados, bienestar comunitario y oportunidades para las mujeres. Meses después, el organismo internacional también destacó la estrategia Capital Semilla impulsada por el Gobierno capitalino.
La política de cuidados impulsada en la Ciudad de México comenzó a llamar la atención de organismos internacionales por una idea que parece sencilla, pero tiene profundas implicaciones económicas: para que una mujer pueda estudiar, trabajar, emprender o disponer libremente de su tiempo, alguien tiene que compartir las tareas de cuidado que históricamente han recaído sobre ella.
Representantes de ONU Mujeres México, ONU México, el Fondo de Población de las Naciones Unidas y las embajadas de Alemania, Canadá, Colombia, Irlanda, Noruega, Países Bajos y Suiza visitaron el 21 de abril la Utopía Cihuacóatl para conocer experiencias de territorialización de políticas dirigidas a mujeres y niñas.
El recorrido formó parte de la Mesa de Cooperación Internacional para la Igualdad de Género en México y permitió observar directamente espacios que integran servicios comunitarios, recreativos y de cuidados dentro de una misma infraestructura.
La visita colocó bajo observación internacional uno de los ejes que el Gobierno de Clara Brugada busca ampliar a escala de toda la capital: convertir los cuidados, tradicionalmente resueltos dentro de cada familia y principalmente por las mujeres, en una responsabilidad compartida entre hogares, comunidad, instituciones y Estado.
Durante el recorrido, ONU Mujeres destacó que las Utopías pueden funcionar como herramientas para redistribuir los trabajos de cuidados y contribuir a fortalecer la autonomía económica de las mujeres.
La relevancia del modelo radica en que no aborda la desigualdad únicamente mediante transferencias económicas.
Estos espacios concentran servicios que pueden reducir el tiempo que una familia necesita dedicar individualmente a determinadas actividades: atención a personas, deporte, cultura, salud, formación y servicios comunitarios.
Esa infraestructura puede tener un impacto particularmente importante sobre las mujeres porque continúan realizando una proporción mucho mayor del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 del Inegi encontró que las mujeres dedicaban en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, frente a 18.2 horas de los hombres. La diferencia fue de 21.5 horas por semana.
La desigualdad del tiempo tiene consecuencias económicas.
Una mujer que dedica muchas más horas al cuidado dispone de menos oportunidades para emplearse, capacitarse, emprender, ampliar su jornada remunerada o descansar.
Por eso, hablar de autonomía económica no significa únicamente entregar dinero: también implica generar las condiciones para que las mujeres puedan decidir qué hacer con su tiempo.
Durante la visita, Eleonora Betancur, representante designada de ONU Mujeres en México, destacó la capacidad de transformación social de las Utopías y vinculó la inversión en estos espacios con igualdad, paz y desarrollo sostenible.
La valoración es relevante porque coincide con una discusión más amplia promovida internacionalmente por ONU Mujeres y la Cepal: avanzar hacia una sociedad donde cuidar no sea una obligación prácticamente automática de las mujeres.
El Compromiso de Tlatelolco, aprobado en México durante la XVI Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe en agosto de 2025, estableció una década de acción entre 2025 y 2035 para acelerar la igualdad sustantiva y avanzar hacia una sociedad del cuidado.
Entre sus objetivos se encuentra precisamente transformar la forma en que los Estados reconocen, reducen y redistribuyen estas tareas.
La estrategia de cuidados de la Ciudad de México se desarrolla dentro de ese mismo debate internacional.
El Gobierno capitalino ha convertido la redistribución del cuidado en uno de sus principales proyectos sociales.
Clara Brugada sostiene que las tareas necesarias para sostener un hogar no pueden continuar descansando de manera desproporcionada sobre las mujeres y propone trasladar parte de esa responsabilidad hacia servicios públicos y comunitarios.
La administración utiliza el concepto de las 3R:
Reconocer el valor del trabajo de cuidados.
Reducir la carga que recae sobre las personas cuidadoras.
Redistribuir esa responsabilidad entre hombres, mujeres, comunidades, instituciones y Gobierno.
Este modelo se materializa en Utopías y Casas de las 3R del Cuidado.
En abril, Brugada inauguró en Pedregal de Santo Domingo una Casa de las 3R que integra servicios como comedor, lavandería popular, atención de salud, laboratorio, atención a personas mayores, actividades para mujeres y otros servicios comunitarios.
La meta anunciada por su administración es construir 200 Casas de las 3R, de las cuales 100 estarían dentro de Utopías.
Se trata todavía de una meta gubernamental cuya ejecución deberá evaluarse conforme avance la administración, pero muestra la escala que el Gobierno pretende darle al sistema.
La relación entre los cuidados y la economía suele pasar inadvertida.
Cuando una mujer utiliza varias horas para lavar ropa, preparar alimentos o atender permanentemente a una persona dependiente, ese tiempo no puede utilizarse simultáneamente en un empleo, capacitación o actividad productiva.
Por eso, una lavandería pública, un comedor comunitario o un centro de atención no son únicamente servicios sociales.
También pueden convertirse en infraestructura económica.
Reducir unas horas de trabajo doméstico puede ampliar la posibilidad de que una mujer estudie, busque empleo, atienda un negocio o descanse.
Ese es uno de los fundamentos detrás del modelo impulsado en la capital.
El Programa de Autonomía Económica de las Mujeres de la Secretaría de las Mujeres reconoce precisamente como población prioritaria a quienes enfrentan barreras relacionadas con informalidad laboral, desempleo, exclusión financiera o restricciones de tiempo derivadas de responsabilidades de cuidados.
La visita de abril no quedó como un episodio aislado.
Durante mayo, la Secretaría de las Mujeres puso en marcha el proceso formativo de la primera generación del Programa de Autonomía Económica, integrada por aproximadamente mil 500 beneficiarias.
El esquema contempla formación en finanzas, administración, derechos económicos, mercado, emprendimiento y otros conocimientos destinados a mejorar oportunidades laborales y productivas.
Además, el Gobierno capitalino firmó un convenio con el Ceneval para que los aprendizajes adquiridos puedan contar con microcredenciales y reconocimiento formal que las participantes puedan incorporar a sus currículums.
Este componente resulta relevante porque la política no se limita a entregar apoyos temporales.
Busca proporcionar conocimientos y acreditaciones que puedan conservar utilidad cuando termine la participación de las beneficiarias en el programa.
El siguiente paso llegó en julio.
El Gobierno de Clara Brugada realizó la primera entrega de Capital Semilla para la Autonomía Económica de las Mujeres, mediante apoyos únicos de 25 mil pesos a mil 463 emprendedoras de las 16 alcaldías.
La estrategia incluye formación, mentorías, vinculación laboral, acceso a microcréditos y acompañamiento para fortalecer negocios encabezados por mujeres.
La representante de ONU Mujeres en México, Eleonora Betancur, participó en la entrega y destacó la importancia de combinar financiamiento, acompañamiento y generación de oportunidades para avanzar hacia la igualdad sustantiva.
Esto permite observar una continuidad entre lo ocurrido en abril y las políticas implementadas posteriormente.
ONU Mujeres primero conoció territorialmente el modelo de cuidados y, meses después, participó en una acción directamente relacionada con autonomía económica.
La autonomía económica no consiste solamente en tener ingresos.
Implica disponer de recursos propios y contar con condiciones que permitan decidir sobre ellos.
La Secretaría de las Mujeres ha planteado que esa independencia puede ser particularmente relevante para quienes permanecen en relaciones de dependencia económica o enfrentan situaciones de vulnerabilidad.
Una mujer que cuenta con recursos, capacitación y una red de servicios de cuidados tiene mayores posibilidades de decidir sobre empleo, vivienda, educación, emprendimiento y proyecto de vida.
El programa capitalino busca atender esa problemática mediante una combinación de herramientas.
Por una parte, capacitación y acompañamiento.
Por otra, acceso a recursos y financiamiento.
Y, paralelamente, infraestructura que reduzca la sobrecarga de cuidados.
Los datos muestran por qué estas acciones son necesarias.
Las mujeres mexicanas dedican 66.8% del tiempo total de trabajo no remunerado registrado en la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, frente a 33.2% correspondiente a los hombres.
En las actividades domésticas, de cuidados y voluntarias, las mujeres trabajan en promedio 21.5 horas semanales más que los hombres.
Cuando se observa específicamente el cuidado de niñas y niños de hasta cinco años, las mujeres destinan en promedio 9.4 horas semanales adicionales frente a los hombres.
Estas diferencias ayudan a explicar por qué la igualdad legal no garantiza por sí misma igualdad económica.
Una mujer puede tener formalmente el mismo derecho al empleo, pero competir en condiciones diferentes si dispone de veinte horas menos cada semana debido a responsabilidades domésticas.
El reconocimiento de las políticas capitalinas no significa que los problemas de desigualdad estén resueltos.
Un informe elaborado en 2026 por ONU Mujeres, Cepal, la Secretaría de las Mujeres del Gobierno federal y el Centro Global de Excelencia en Estadísticas de Género reconoce avances institucionales importantes en México, pero mantiene entre los grandes desafíos la distribución desigual del trabajo de cuidados, la violencia de género y los obstáculos para alcanzar autonomía económica.
Es una distinción fundamental.
La visita a una Utopía muestra interés por una política pública concreta.
No constituye una certificación de que el problema haya sido solucionado ni significa que todos los programas capitalinos hayan sido evaluados favorablemente por Naciones Unidas.
Los resultados deberán medirse con indicadores como inserción laboral, aumento de ingresos, supervivencia de emprendimientos, reducción efectiva del tiempo dedicado a cuidados y cobertura territorial.
El modelo enfrenta ahora un desafío de escala.
Una Utopía puede transformar la dinámica cotidiana de una comunidad cercana, pero para generar un cambio estructural los servicios necesitan alcanzar colonias de todas las alcaldías y mantenerse funcionando a largo plazo.
De ahí la relevancia de la meta de Brugada de extender Utopías y Casas de las 3R.
La administración capitalina ha anunciado que pretende construir 200 de estas casas y vincular 100 de ellas con las Utopías.
La expansión deberá acompañarse de presupuesto, personal, mantenimiento y evaluaciones que permitan conocer cuántas mujeres utilizan los servicios y cuánto tiempo consiguen liberar.
La infraestructura por sí sola no garantiza autonomía.
Su valor dependerá de que efectivamente reduzca barreras.
Uno de los planteamientos más importantes de la estrategia capitalina es modificar la manera en que se entiende la economía.
Antes de que una persona pueda acudir a una oficina, abrir un negocio o trabajar en una fábrica, existen tareas invisibles que hacen posible esa actividad: preparar alimentos, limpiar, lavar ropa, acompañar a niñas y niños y atender a personas dependientes.
Históricamente, una proporción desmedida de ese trabajo ha recaído sobre las mujeres.
El Gobierno de Clara Brugada busca que una parte de esas tareas deje de resolverse exclusivamente dentro de los hogares y pueda ser atendida mediante infraestructura pública.
La idea conecta directamente la política de cuidados con la autonomía económica.
Una lavandería comunitaria puede parecer una intervención pequeña frente a un gran programa de empleo.
Pero para una mujer que lava durante varias horas cada semana, puede significar disponer de tiempo que antes no tenía.
La visita de ONU Mujeres a la Utopía Cihuacóatl colocó bajo observación internacional una estrategia que la Ciudad de México pretende extender durante los próximos años.
La apuesta combina tres elementos: infraestructura de cuidados, herramientas para generar ingresos y reconocimiento del trabajo históricamente realizado por las mujeres.
La posterior puesta en marcha del Programa de Autonomía Económica, la certificación con Ceneval y la entrega de Capital Semilla muestran que la estrategia comenzó a desarrollarse más allá de la infraestructura física.
En julio, ONU Mujeres volvió a participar públicamente en una de estas acciones y destacó que la autonomía económica es indispensable para el ejercicio pleno de los derechos.
El desafío para la administración de Clara Brugada será convertir estas iniciativas en resultados medibles y permanentes.
Que más mujeres obtengan ingresos.
Que puedan acceder a capacitación y financiamiento.
Que dispongan de más tiempo.
Y que cuidar deje de ser una responsabilidad individual asignada casi automáticamente a ellas.
La discusión internacional sobre igualdad comienza a reconocer que el tiempo también es riqueza.
La Ciudad de México está intentando llevar esa idea del discurso al territorio: construir espacios donde parte del trabajo que durante generaciones permaneció encerrado dentro de los hogares pueda convertirse en una responsabilidad pública y comunitaria.
Si el modelo logra escalar y mantener sus resultados, la política de cuidados puede convertirse no solamente en una estrategia social, sino en una herramienta para transformar la participación económica de las mujeres en la capital.
Con información de Infobae, ONU Mujeres, Secretaría de las Mujeres de la Ciudad de México, Gobierno de la Ciudad de México, Inegi y Cepal.